Thursday, October 19, 2006

Motivos más que suficientes para volver a escribir



Sí Ministro, la guerra también es acá...
(Foto: eltiempo.com)


Hace cierto tiempo decidí abrir este blog para opinar de lo divino y lo humano: el resultado, un pobre post pre - electorero que quería prevenir sobre el peligro que representaba a futuro el unanimismo en torno a la endiosada figura mediatizada del Presidente Uribe.

No seguí escribiendo, tal vez porque había más material para mi otro blog, tal vez porque me desilusioné de mi pobre prosa y de mis flacas opiniones, pero la certeza de estos tiempos me ha devuelto la confianza en hacer algo que quiero sea mi medio de sustento desde los tempranos 40`s.

Hoy, un bombazo nos despertó de nuestro "ensueño ciudadano" de seguridad democrática. A esta hora de la tarde no se sabe a ciencia cierta el número de heridos, ni los móviles, ni los autores materiales e intelectuales (empieza una nueva cuenta regresiva para que la impunidad no prevalezca sobre la paquidermia de la justicia) y las teorías se oyen desde la mesa vecina en el restaurante y también en la pantalla del televisor.

Habría que decir lo siguiente:

Primero, que haya sido quien haya sido, la política de seguridad democrática ha sufrido su más duro golpe moral. Los escándalos, tanto de Policía como de Ejército, afectan a cierto número de oficiales y agentes, manzanas podridas como los llamaría el Ministro Santos. La corrupción no es una política estatal.

Pero es que sucede que un atentado en uno de los centros neurálgicos del poder militar en el país hace entender que el discurso de una criminalidad vencida, agotada y hasta rendida por el accionar de las fuerzas del orden, no tiene un sustento verídico sino mediático, fenómeno del que se ha aprovechado el o los autores intelectuales y materiales del atentado con carro - bomba de hoy para desacreditar todo el trabajo de "ilusionismo" que le ha rendido frutos al gobierno Uribe en las encuestas y en las urnas.

Y que no nos vengan ahora con que el terrorismo es la última modalidad de supervivencia militar de los grupos al margen de la ley. Hacer terrorismo es, tal vez, la más sofisticada y efectiva manera de vencer psicológicamente a un enemigo, ¿o habrá que recordar a Hiroshima y finalmente, a Nagasaki?

Cargar un automóvil con material explosivo, generar todo un operativo encubierto exitoso en una ciudad con cifras de criminalidad a la baja, ingresar el vehículo a un centro de estudios de altos mandos militares, hacerlo detonar y generar el pánico e inseguridad que creó el estallido mañanero de hoy, no es sinónimo del éxito que nos han vendido durante varios años las fuerzas del orden y sus superiores del Ejecutivo. El atentado de hoy no tiene antecedentes y desfigura la imagen de unas Fuerzas Militares, promocionadas hasta la saciedad como atentas y vigilantes. Si les explotaron un carro - bomba en su centro de estudios más importante, ¿cómo van a hacer para atrapar a la cúpula de las FARC o rescatar exitosamente a los miles de secuestrados que hay en el país?

Segundo. El atentado, además de dejar heridas varias personas (porque los muertos revivieron gracias a la gestión curativa del Ministro Santos) y millones de pesos en pérdidas materiales, abrió grandes interrogantes sobre las motivaciones de los autores.

Los sospechosos de siempre (las FARC), habrían herido de muerte el tan anunciado intercambio humanitario, las prometidas conversaciones de paz, la tan anhelada construcción de una nueva Asamblea Constituyente y sus intenciones de no ser llamados por nadie más como "grupo terrorista".

¿Qué interés tendría el grupo guerrillero en hablar de paz mientras preparaban el exitoso atentado? ¿Cuál sería el beneficio? ¿Los fortalecería en sus imposibles intenciones de devolver a "Simón Trinidad" y "Sonia" para que hicieran parte del intercambio y para que el gobierno agilizara el despeje de Florida y Pradera? No veo por donde las FARC tengan cabida en este episodio. Y si finalmente se descubre que este grupo tuvo algo que ver, sus insinuaciones políticas nuevamente se verían desacreditadas, pues en este país, la norma es hacer política sin uso de las armas... claro está, eso sólo aplica para la izquierda.

Los paramilitares, desmovilizados o no, parecieran ser más acordes al perfil buscado. Inmersos en una negociación desordenada con el gobierno Uribe, esperando el guiño de los estadounidenses para empezar a delatar, confusos por su situación jurídica y a la espera de resoluciones políticas sobre su futuro, las AUC podrían haber hecho estallar, literalmente, una cortina de humo que tapara sus serias implicaciones en una estrategia para hacerse del poder real en la costa caribe, tema que se trató el día de ayer, con polémica incluida, en el recinto del Senado de la República.

Poner a hablar a los colombianos nuevamente sobre terrorismo duro y parejo, debate en donde el primer implicado es y siempre serán las FARC, sería la estrategia perfecta para acallar todas las voces que ya preparaban discursos, tanto de defensa, como de ataque, frente al muy anunciado "8.000 de la Costa", proceso que se iniciaría gracias a las revelaciones encontradas en el computador de "Jorge 40", y que haría remover toda la estructura de sometimiento de los comandantes paramilitares (o al menos eso solicitaríamos, señor Ministro Holguín, señor Alto Comisinado Restrepo).

El beneficio es más claro, pero igual, la jugada a tres bandas no deja de ser peligrosa, incluso para unos personajes tan desacreditados y exhibidos, desde hace varios años, a la lupa de la opinión pública.

Tercero. La guerra vuelve a tocar a las puertas de los colombianos "civilizados". Después del atentado contra las personas del Club El Nogal, este atentado le recuerda a los ciudadanos (ciudadanos, porque viven en la ciudad), que esa lejana guerra que se vive en los campos y que está en su fase final porque Uribe y Gaviria (José Obdulio) dicen que es así, que da para algunos minutos reforzados en los noticieros de la noche antes de la entrada triunfal de la información de farándula, que se vive a sangre y fuego en los semáforos de las grandes avenidas cuando los "dizque" desplazados nos enseñan sus tragedias y su mala ortografía con carteles de ayuda, también es con ellos y, especialmente, contra ellos.

Venga de quien venga el disparo, el bombazo, la tortura o el anuncio de destierro, el ciudadano que trabaja en el World Trade Center criollo, el que con poemas le saca 5000 pesos al día y a la vida trabajando en la ruta avenida séptima - germania, el que trata de soportar el insoportable trancón diario de la 100 con 11 mientras escucha a Julito ser amable con los que le conviene y miserable con quienes también y el que cree que la humareda en el cantón norte debe ser la quema de basura, está en peligro, todos ellos y cada uno de nosotros, los millones de ciudadanos colombianos (la cifra exacta sólo la conoce el señor director del DANE) estamos en peligro.

En peligro porque la sucesión de mentiras, codicia, venganza y ansias de poder de los comandantes paramilitares y guerrilleros; de los capos de los grandes, medianos y pequeños carteles; así como de los politiqueros de turno, candidatos, protohombres de la industria y del agro y demás especies de nuestra fauna dirigente, han hecho de cada centímetro del territorio colombiano un espacio en el cual no se está nunca exento de morir por las causas y las justificaciones que siempre nos han robado las ilusiones, los ahorros, las esperanzas y las elecciones.

Wednesday, March 01, 2006

Día 0


Hoy es el día cero en el conteo hacia la toma final de conciencia, ya sea de pocos o muchos. Y es paradójico dar inicio a este blog el mismo día en que el Presidente Constitucional de Colombia, Álvaro Uribe Vélez, registró su inscripción ante la Registraduría Nacional del estado Civil para postularse a un segundo mandato.

Yo era de los que se alegraba por que a Uribe le fuera bien. Cuando alguno que otro "apátrida" salía en contra del mandatario por los medios de comunicación, yo no entendía cómo era posible semejante cosa. Un tipo que se mataba día a día por el bien del país merecía el respeto de todos y cada uno de sus gobernados. Me alegraba cuando en los análisis de prensa el nombre y la imagen del "presi" salía bien librada.

¿Y cómo no?, si estábamos desacostumbrados a no ser gobernados. Un país a la deriva encontraba en un experto caballista al jinete esperado, al conductor anunciado. Todos nos lo creímos.

El problema es que se lo siguen creyendo una importante cantidad de renovados patriotas que, bajo las banderas del "uribismo", han adoptado, difundido y posicionado el mensaje más peligroso y temible que la democracia colombiana haya tenido que aceptar en muchos años: "Uribe o catástrofe".

Esta frase "batalla" se coló por entre las rendijas de las casas de la clase media, salpicó a la aguapanela desabrida de los pobres y llenó de orgullo a los nuevos ricos que pudieron volver a sus condominios de tierra caliente usando las "seguras" carreteras que brindaba "Vive Colombia, Viaja por Ella".

Ser Uribista se volvió, de repente, en la moda obligada del verano - invierno 2002 -2010. Entre inundaciones y filtraciones, referendos mal habidos y acuerdos inhumanos, la moda se volvió obligación y la obligación termió convertida en violencia.

Violencia ejercida desde la más tierna reunión familiar, donde furibundos uribistas olvidan que uno es primo, sobrino o nieto y termina siendo convertido en blanco de críticas ácidas por el solo hecho de preferir la colección Mockus o la propuesta minimalista en rojo de Pardo.

Violencia ejercida en los campos por desmovilizados bien movilizados en narco toyotas contra campesinos que no saben lo que es seguridad democrática porque ni siquiera han conocido la democracia.

Violencia frente a las cámaras o micrófonos, llevada a cabo por los funcionarios del Gobierno cuando menosprecian el valor de la constitución y piden sustituir un "articulito". La violencia uribista se palpa, se vive, se siente...

Y todo queda en el olvido porque ese es nuestro deporte nacional, no el ciclismo. Y es que olvidamos porque hemos sufrido mucho y para colmo recordamos poco. Olvidamos que Lina le dijo a Uribe que sólo le daba cuatro años de permiso, olvidamos que Londoño dijo que iba a acabar con el negocio de la coca en un año, olvidamos y no pasamos factura por que Uribe no salió a agradecer los millones de votos a favor del referendo y se refugió malgeniado y testarudo en Palacio mientras pasaba la resaca luchista, olvidamos a Yidis y Teodolindo, a Ingrid y a Clara, olvidamos, olvidamos.

Y en año y medio, cuando el Presidente Constitucional Uribe tenga sólo el 47 % de favorabilidad y los escándalos empiecen a rodar, olvidaremos (bueno, olvidarán) que fueron ustedes mismos quienes dijeron cuando su voto iban a marcar: "Uribe o catástrofe".